
Mujer de ensueño, que al verla pasar, se me iba el aliento,
caminaba con garbo de princesa, dando en cada paso,
gritos de dulzura, balanceando sus caderas con ritmo sensual.
Sus cabellos negros, arremetían al viento caricias soñadas,
gritos de dulzura, balanceando sus caderas con ritmo sensual.
Sus cabellos negros, arremetían al viento caricias soñadas,
abanicándose cuando volteaba, en la esquina de mi casa.
De vereda a vereda, la podía observar, quince años nos separaban,
sus tres décadas, guardaban un misterio, imposible de saber,
diez lunas, habían de pasar, la gata volvió,
renaciendo esa tentación de tenerla,
ya no era una ilusión, podía hablarle y fijar mi hombría,
penetrando con la mirada en lo íntimo de su ser,
diez lunas, habían de pasar, la gata volvió,
renaciendo esa tentación de tenerla,
ya no era una ilusión, podía hablarle y fijar mi hombría,
penetrando con la mirada en lo íntimo de su ser,
seguro de tenerla, la seguí, entró a un lupanar,
donde ofrecía por un peso, lo que tanto me costó,
ruborizada me dejó pasar, reflejando el verde de sus ojos,
en el iris de su visita como un espejo de verde natura,
en el iris de su visita como un espejo de verde natura,
al verla embriagada, la cogí con todo mi amor.
Lejos de aquel antro, la llevé a un mirador,
caminando bajo el embrujo de su mirada,
abriendo su misterio, cabalgando hasta quedar sin aliento,
era una noche de fantasía, no había tregua,
dispuesta, gemía de placer,
era una noche de fantasía, no había tregua,
dispuesta, gemía de placer,
al juntar sus lunas, con mis soles,
navegando en el éter de una alocada pasión.
navegando en el éter de una alocada pasión.
Qué mujer, elegante al abrir su boca, gozando la fruta,
muy dentro de su entraña salivando de placer,
muy dentro de su entraña salivando de placer,
candorosa con sus uñas, dejando huellas en mi piel,
tatuando una rosa de amor, para el felino que la conquistó.
Poeta Julio Acosta (Perú)
No hay comentarios:
Publicar un comentario