
El día que cumplía noventa años, el dramaturgo
George Bernard Shaw recibió una visita del célebre detective Fabian, de Scotland Yard. Para celebrar la ocasión, Fabian le sugirió a Shaw que tomaran impronta de sus huellas digitales, para que quedaran para la posteridad.Lo curioso es que las huellas digitales de Shaw eran tan suaves y finas que no pudieron obtener una impresión válida para dicho recuerdo. Ante esto Shaw declaró: “Si hubiera sabido esto antes, ¡habría escogido otro oficio!”
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