- Acaban de dar las nueve en el reloj de la iglesia -dice él con voz aún somnolienta y
expectante.
- No te fíes -replica ella en tono jocoso-, suele adelantarse al menos diez minutos. Quizá hoy no venga…
El hombre, de mediana edad, calvo por la parte alta del cráneo y de cabello largo, pajizo y entrecano en la nuca que le cae sobre los hombros, se asoma a la terraza. Dándose golpes en los hombros, se despereza después de bostezar unas cuantas veces. Mira hacia el mar. Sus ojos azules, guiñados a causa del reflejo del sol sobre las aguas del océano, buscan ansiosos por entre las rocas.
- Mira -susurra vuelto hacia el dormitorio-, sal a ver esto.
Ella responde:
- Ahora no me es posible. Estoy acabando de arreglarme.
- Si no lo ves con tus propios ojos jamás creerás que lo que te digo es cierto.
La mujer, picada su curiosidad, deja sobre el mármol del aseo peines y pinzas y, envuelta en un albornoz, sale a la terraza donde el marido aguarda impaciente y embelesado. Ella pregunta con un fuerte tono de voz y ojos inquisitivos:
- ¿Aún sigues con tu historia? ¿Qué es lo que…?
Ella es incapaz de acabar la frase. En su lugar se le escapa un "Ohhhh" tan prolongado que, de las rocas cercanas, donde se asoleaba, salta la hermosa sirena y se zambulle en las embravecidas aguas del océano.
El hombre, aún con cara de sueño, bosteza y se queja con amargura.
- Es demasiado tímida por eso la has espantado de nuevo. ¡A saber hasta cuándo tendré que esperar su regreso! Desde ahora ya no podrás decir que vivo en un mundo de fantasía. Ahora, que sepas que la próxima vez no te aviso, no quiero que huya de mí…

- No te fíes -replica ella en tono jocoso-, suele adelantarse al menos diez minutos. Quizá hoy no venga…
El hombre, de mediana edad, calvo por la parte alta del cráneo y de cabello largo, pajizo y entrecano en la nuca que le cae sobre los hombros, se asoma a la terraza. Dándose golpes en los hombros, se despereza después de bostezar unas cuantas veces. Mira hacia el mar. Sus ojos azules, guiñados a causa del reflejo del sol sobre las aguas del océano, buscan ansiosos por entre las rocas.
- Mira -susurra vuelto hacia el dormitorio-, sal a ver esto.
Ella responde:
- Ahora no me es posible. Estoy acabando de arreglarme.
- Si no lo ves con tus propios ojos jamás creerás que lo que te digo es cierto.
La mujer, picada su curiosidad, deja sobre el mármol del aseo peines y pinzas y, envuelta en un albornoz, sale a la terraza donde el marido aguarda impaciente y embelesado. Ella pregunta con un fuerte tono de voz y ojos inquisitivos:
- ¿Aún sigues con tu historia? ¿Qué es lo que…?
Ella es incapaz de acabar la frase. En su lugar se le escapa un "Ohhhh" tan prolongado que, de las rocas cercanas, donde se asoleaba, salta la hermosa sirena y se zambulle en las embravecidas aguas del océano.
El hombre, aún con cara de sueño, bosteza y se queja con amargura.
- Es demasiado tímida por eso la has espantado de nuevo. ¡A saber hasta cuándo tendré que esperar su regreso! Desde ahora ya no podrás decir que vivo en un mundo de fantasía. Ahora, que sepas que la próxima vez no te aviso, no quiero que huya de mí…
Juana Castillo Escobar. España. Tomado del cuaderno semi inédito IN CRESCENDO
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