A Frida por los años maravillosos
Una canción sonó, era Billie Holleday rompiendo la noche; una sed inusual se apod

En la mañana me despertó el olor de las flores, imagine sus movimientos en la mesa, su mano delicada acariciando el lomo del gato y el ruido de los tacones bajando las escaleras.
En la penumbra se divisaba la carta, aunque no hubiera abierto el sobre podía adivinar el contenido, su vida bohemia por las calles de París, las frases que escondían dobles sentidos; ideas ambiguas que escribía adrede para confirmar mis sospechas; por ejemplo decía: Cariño, el otro día conocí a un abogado que se ofreció como guía para mostrarme la ciudad, muy amablemente me invitó a cenar, hablamos de ciudades suramericanas y después se despidió con un beso.
En la noche regresó Billie, las palabras aprendidas sin esfuerzo que como un eco se deslizaban en mi cabeza, el saxofón me abría una herida. Después alguien que se confabulaba contra mí, colocaba otra vez la canción y el tiempo y la vida eran eso…la voz de la señorita Holleday retumbando como una gata en celo
La luz del día descubría una nueva carta que decoraba las baldosas; fuegos pirotécnicos se apoderaban del cielo:
Te extraño amor, decía…te extraño especialmente en la madrugada mi perverso sabelotodo…hoy hablé con un hombre que sabe seis idiomas, caminamos por Montmartre y luego fuimos al Pere L`echaise; de regalo si te estás portando bien, te enviaré una foto de la tumba de Cortazar; Jean- así se llama mi adorable anfitrión- es un ferviente admirador de Oscar Wilde…si quieres también te puedo mandar una instantánea de su tumba…Jean tiene tantas cosas de ti, que a veces me confundo y le digo tu nombre, Jean sonríe sin comprender y sigue en lo suyo.
Hoy he hecho un descubrimiento…las telarañas han inundado la casa, estoy en el piso acompañado de Billie, las cartas ya no importan…sólo la lealtad de Billie, eso sí importa…esperaremos juntos a que las arañas se apoderen de la casa.
EDINSON DUARTE. Armenia, Colombia
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