BIENVENIDOS: REVISTA LA URRAKA INTERNACIONAL. EDICIÓN Nº 26

Portada:
Obra: Regatas en Argenteuil
Autor: Claude Oscar Monet
Fecha: 1874
Museo: Museo de Orsay
Características: 48 x 75 cm.
Material: Oleo sobre lienzo
Estilo:Impresionismo

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Cómplices en las Artes y la Amistad

MARAVILLAS MODERNAS EN LA URRAKA.

MARAVILLAS MODERNAS EN LA URRAKA.
A lo largo de un eje de casi dos kilómetros, en el antiguo cauce del río Turia, este complejo impulsado por la Generalitat Valenciana sorprende por su arquitectura - obra de Santiago Calatrava y Félix Candela - y por su inmensa capacidad para divertir y estimular las mentes de sus visitantes que, recorriendo sus edificios, conocen diferentes aspectos relacionados con la ciencia, la tecnología, la naturaleza o el arte. (Haz click en la imagen)

martes, 21 de septiembre de 2010

PARA CONOCERNOS UN POCO: Milcíades Arévalo

Milcíades Arévalo

Muchos lectores y seguidores de la revista Puesto de Combate saben y conocen lo que ha sido- parcialmente- la vida de Milciades Arévalo, un hombre que ha conocido las duras y las maduras, que recorrió el mundo siendo marinero, que vendió libros por todo lo largo y ancho de la Costa Atlántica, que vivió el esplendor del hippismo y el nadaísmo en Colombia, que la mayoría de los escritores y poetas latinoamericanos han sentido su afecto y su espaldarazo, que ha sufrido a lo largo de los años por sacar adelante su publicación y cada día se le cierran más las puertas porque en este país hay más presupuesto para la guerra que para la cultura, que tiene una inimaginable colección de fotografías de poetas, escritores, columnistas, dramaturgos, editores, que todos los años lleva decenas de cajas cargadas de revistas para ir a venderlas en la feria del libro de Bogotá, que…
El recorrido es largo. Larguísimo y doloroso. Ha sido más que un Calvario. Y él lo reconoce, lo sabe y le duele, y aún más porque ya con 67 años la vida se le ha puesto aún más dura. A veces se encierra en sí mismo y dura días y semanas sin pronunciar una sola palabra y no entiende cómo él, que ha sido Mecenas de decenas de intelectuales, esté hoy asilado en el olvido, rumiando dolor y angustia.
La Fundación Santillana para Iberoamérica, junto a la Fundación Cultura Libros y Letras le hicieron un merecido homenaje junto a Mario Rivero director de Golpe de dados y a Carlos Enrique Ruiz director de la revista Aleph y esa noche, con lo ojos inundados de tristeza, dijo que habían transcurrido más de cuatro décadas trabajando por la cultura del país “y hoy estoy aquí sólo con una carga de recuerdos, pero siempre en el olvido”.
Decidimos hablar con él y, aunque no se crea, es la primera vez que prácticamente se “desnuda” de cuerpo y alma para mostrar lo que es él, Milciades Arévalo.
- ¿Cuál es la imagen más lejana que tienes de tu infancia?
- La de un niño corriendo descalzo bajo la lluvia camino a la escuela.
- ¿En dónde ocurrió esa escena?
- Cuando yo estudiaba en la Escuela La Fuente, una vereda de El Cruce de los Vientos, en 1953. Por aquella época, llegó un señor y empapeló la escuela con carteles donde anunciaban al presidente el señor teniente Coronel Gustavo Rojas Pinilla.
- ¿Cómo fueron esos primeros años en la escuela?
- Fueron los años más difíciles de mi vida, pues carecía de todo. Vivía con mi papá y un hermanito menor. Por consiguiente me tocaba hacer el almuerzo, la comida e ir a la escuela. En mi casa no había luz eléctrica, solo velas. Así que el día se terminaba a las seis de la tarde. Me encantaba mirar las noches cuajadas de estrellas, y pensaba que mi madre debía ser una de ellas. Inclusive, esperaba que volviera. Hay un cuento que resume todo eso, se llama “Ella no volvió”. Ahí cuento mi tragedia y mi soledad. También tuve días placenteros, cuando llevaba la bandera patria en los desfiles importantes por culpa de mis buenas notas. La maestra, era toda linda, sabía de las necesidades de mi hogar y de mi soledad y me daba a beber de su leche y comer de su comida que hacía en la escuela. Yo, a cambio le llevaba leña, para que calentara sus noches que eran tan frías como las mías. Ella y mi abuela, fueron las que me enseñaron a escribir, y también a soñar. Mi abuela me contaba de la Guerra de los Mil Días donde estuvo mi abuelo y regresó con un balazo en el pecho y una guitarra en bandolera. Mientras mi abuela me contaba esas cosas, yo soñaba, soñaba e imaginaba. Imaginar era mi dicha y mi pasión más afortunada. De todo lo que contaba mi abuela, escribí un cuento, “El difunto”, que trata de mi abuelo cuando regresó de la guerra.
- ¿Cómo fue tu profesora?
- De mi profesora… ¿Qué podría contarte de ella? Sabía tantas cosas y era tan feliz que por la noche se bañaba desnuda en la alberca de la escuela, ahí donde los niños jugaban con barquitos de papel que no iban a ninguna parte. Esa parte de la escuela y de mi maestra, está en un cuento que titulé “La segunda muerte del tío Gregorio”. Todo lo que yo escribo, no es autobiográfico pero, claro, he tomado mucho de la vida, creo que demasiado, tanto que literatura y vida no se distinguen en mí. A veces pienso que soy un personaje de un cuento. Ignacio Ramírez dijo en alguna ocasión que yo me parecía más a mis cuentos que al que era realmente. Y es cierto. Yo soy una historia que alguien va a contar algún día; no serán mis hijos, ni mis amigos pues he vivido todo el tiempo en soledad, tanta, que a veces pienso que yo nunca tuve amigos, sino cómplices, cómplices en la literatura, cómplices en el trabajo, cómplices en el amor. Es duro contar todo eso, pero la verdad, es que soy el escritor más alejado de los escritores; ni siquiera me parezco a ellos.
- ¿Y lo lamentas?
- No. No lo lamento, pues pienso que la mayoría lo ha tenido todo, mientras que yo he carecido de todo, pero nunca me ha faltado nada para alimentar mi imaginación. La imaginación la alimento con las realidades, las verdaderas, las que me ha dado la vida. Por eso he hecho tantas cosas.
- Supe que te habías escapado de la casa cuando niño…
- Sí. Cuando niño me escapé de la casa por tantas privaciones y me fui a recorrer el mundo en un barco. Desde entonces he conocido muchas ciudades, muchos puertos y muchos rostros.
- ¿Qué sucedió con tu mamá?
- Mi madre se llamaba Aurora y mi abuela Alba. Para morirse sucedió que un día amaneció preñada y me dijo que iba a tener un hermanito. -¿Un hermanito? Ya habían nacido 9 y todavía esperaba un hermanito. Yo pensé que de seguro iba a ser mejor que yo porque yo no daba pie con bola. Me tropezaba con el aire, me daban duro las madrugadas al pie del ordeño en medio de la niebla, se me regaba el agua cuando iba por ella a la quebrada que bajaba del monte como una serpiente de plata y cristal, confundía el norte con el sur y en mi casa no había en dónde leer una palabra, ni un libro, ni una guitarra, pero éramos nueve hermanos; los mayores nunca nos visitaban. Y los menores apenas sabíamos hacer las cosas que no saben hacer los niños. Cuando mi madre iba a dar a luz, me mandaron para donde unas tías. Nos fuimos una noche en el Ferrocarril del Nordeste, pero no alcanzamos a llegar a donde íbamos porque nos avisaron por telégrafo que mi madre se había muerto de parto. Debió ser por el vidrio de una botella rota que se le incrusto en el pie por andar descalza y se desangró.
- ¿Sólo por eso?
- Sí. Pero también por las muchas hambres que había aguantado, la soledad en que vivíamos y también la violencia que se veía en el campo, pues hasta nos quemaron el rancho para que nos fuéramos de allí.
- Realmente triste todo ese comienzo de tu vida.
- Sí. Esas cosas son muy tristes para ponerse uno a recordarlas, por fortuna tengo una memoria tan tenaz que me parece que estuviera viendo todo eso que nos pasó. De modo que por esa razón se murió mi madre, por un embarazo, y… me dejó solo. A eso explico esta soledad que vivo en esta ciudad. No es que no me gusten las fiestas, el jolgorio, andar con los amigos, no. Es que me siento muy solo. Por eso prefiero pasarme todo el día escribiendo, sin molestar a nadie.


- ¿Cómo fueron esos primeros años con la maestra? ¿Cómo era ella? ¿Cómo fue tu relación?
- Mi maestra era como de aire... La enviaban del municipio y debía vivir en la escuela. . Ella no iba a la escuela los lunes porque llovía mucho, pero trabajaba hasta el sábado por la tarde... Yo salía a esperarla todos los Martes a la orilla de un puente y después nos devolvíamos para la escuela recogiendo leña, cantando, que se yo. Yo iba detrás de ella y la miraba como a un ser de otro mundo, tanto, que hasta me parecía que era transparente, tanto así, que cuando ella se bañaba desnuda en la alberca de la escuela, al verme me decía: “Ponme a calentar la leche que tengo frío, gatito”. Y yo iba corriendo a la cocina y ponía a calentar la leche, para que cuando ella saltara de la alberca a su cama, tuviera su vaso de leche calientico.
- ¿E intercambiabas con ella algo de poesía?
- Ella no sabía nada de poesía, pero sabía matemáticas, historia, cosas prácticas también, porque sabía hacer el almuerzo y la comida. Tenía cachumbos en su pelo que era dorado como el trigo y usaba unas faldas largas que le llegaban hasta el calcañal. Sus faldas eran vaporosas y cuando las lavaba, colgaban de la cerca de alambre de púas que colindaba con la escuela. Me quería mucho y en vez de decirme “huerfanito” me decía “gatico”. Y yo aceptaba el oficio de gato, y cuando iba al monte escribía su nombre con candela. Y cuando íbamos todos los muchachos de paseo al río, escribíamos su nombre en el agua. Pero ella no se casó con ninguno de los muchachos de la escuela sino con un señor de bigotes y sombrero alón que un día vino por ella y se la llevó en una carreta tirada por bueyes. Un día la vi hace algunos años. Estaba vieja, pero el timbre de su voz estaba intacto. No tuvo hijos y murió ciega. Fue una relación linda.
- ¿Y cómo recuerdas a tu abuela?

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3 comentarios:

Anónimo dijo...

No puedo creer que no tenga comentarios una entrevista que es un lujo desde el principio y no solo porque el nombre de Milcíades Arevalo me dice tanto, sino porque cada respuesta es un anecdotario de vida. Milcíades es así, capaz de subir una escalera imaginaria, hacerse de celestes y azules para cubrir de colores una historia gris, un recuerdo que entristece. Su vitalidad está en sus ganas y en su palabra. Lo conocí por mails y al principio no fue fácil, teníamos algunas diferencias de conceptos, luego me publicó en su revista "Guadalupe" uno de mis cuentos más queridos y después fueron mails y mails, un ida y vuelta entre Colombia y Argentino. Extensos, gratificantes, sus mails enseñaban . Milcíades ha contado en esta entrevista cosas muy fuertes que nos hacen pensar en que cada cual tiene heridas y no por eso debe sumergirse en la oscuridad. Me dio muchísima felicidad encontrar a este amigo y me devoré sus palabras, ojalá pueda devolverlas en poesía.
Gracias Juanca por esto y gracias Milcíades por tu amistad.

Lily Chavez

Anónimo dijo...

EFECTIVAMENTE UNA GRAN REVISTA Y UN SALUDO DEL POETA JOAQUIN SARRION LARREY TE SEGUIRE EN TUS ESCRITOS.

Higorca Gómez dijo...

¡¡Excelente entrevista!! Mientras pasaba de puntillas leyendo me parecía estar viendo el lugar dónde se desarrollaba la "trama". Es como leer un pasaje de un buen libro.
Abrazos

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