A José Stevenson
Dicen que lo vieron caminar por techos, tejados y azoteas en la madrugada
sin luna. Al fin entró en el penthouse del edificio que acariciaba el mar. El dueño de casa dormía plácidamente. No se dio cuenta de que el ladrón armado con una pequeña pistola que sostenía con la mano izquierda, cortó una hamaca, la envolvió con la diestra y luego robó el pantalón del durmiente, cuyos bolsillos guardaban abundantes billetes. El ladrón huyó de la habitación y descendió sin dificultad hasta el patio del convento que colindaba con el edificio. Allí desenrolló la hamaca, se quitó el sucio y remendado bluyín y se puso los pantalones del inquilino dormido. Volvió a enrollar la hamaca, tomó la pistola con la mano derecha y avanzó sigilosamente por el patio de columnas blancas. Abrió con sumo cuidado la puerta del dormitorio y corroboró que las monjas dormían el sueño de los ángeles. Volvió a cerrar la puerta y se dirigió al salón de la limpieza. Arrojó al suelo la hamaca, guardó la pistola en un bolsillo del pantalón y se sentó en el piso, totalmente cansado, en medio de un infinito montón de ropa sucia. Olió uno a uno los calzones de algodón de las religiosas. A medida que lo hacía, cerraba los ojos y hacía un gesto de alegría ascética. Dicen que poco a poco fue cayendo en un éxtasis de fascinación inenarrable, y así se fue quedando dormido en medio de tantas fragancias sorpresivas, hasta el amanecer en que fue puesto al descubierto por la inevitable realidad.

Escritor y poeta JOSÉ LUIS DÍAZ-GRANADOS (Colombia)
1 comentario:
qué buen blog!
me pasaría horas acá...
pues, saludos desde Panamá.
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