
Los cuatros, tenían un parecido (físico) sorprendente, la misma altura, y el pelo bien corto, rasurado a maquina desde la frente hasta la nuca.
Los cuatro, usaban un aro dorado en el lóbulo de la oreja derecha, y portaban una cicatriz en la cara que denunciaba una misma imprudencia.
Las diferencias, solo eran evidentes en el carácter, y la forma de vestir, el más rudo se contraponía, con el más simpático, como el cauteloso, con el más osado.
Eso sí…nunca andaban juntos, por esto, tal vez, mucha gente, tenia que descifrar quién era cada cual.
Solo se juntaban de noche, en una casona de la calle Ituzaingo y la barranca, justo enfrente del Club Atlético Paraná.
Un día cualquiera, el imprevisto sorprende al simpático, sentado en un ciber, y una bala que pasaba confundida o mejor dicho, mal orientada por el forcejeo del dueño que quería impedir un robo, le gana la cabeza, los periódicos al otro día, dijeron que murió en el acto.
Los vecinos del barrio están consternados, algunos comentarios, extrañan la ausencia de los otros tres, que no se los ve por ninguna parte, mientras las malas lenguas, que nunca faltan, echaron a rodar una duda, sobre que los cuatros podrían resultar siendo, la misma persona.
De ser verdad, nunca un error produjo tanto daño.-
Escritor JORGE MONJE (Argentina)
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