Se cuenta que don Francisco de Quevedo, cierta noche, fue llamado desde lo alto de un

a ventana mientras caminaba por la calle, por una hermosa dama ocultamente acompañada de unos amigos bromistas.Tan sugestiva se mostró la dama en su llamada, que Quevedo accedió a subirse a un cubo tirado por poleas, que los aparentes "criados" de la señora comenzaron a izar.Mas al llegar a la mitad de ascenso, le dejaron colgado y empezaron a burlarse de él, y a animar a los atónitos transeúntes a hacer lo mismo.El alboroto que se organizó acabó por llamar la atención de una ronda nocturna, que tras acercarse y dispersar a los alborotadores, levantó la vista a la fachada y, encarándose con el cubo y su desgraciado ocupante, llamó:- ¿Quién vive? ¿Quién está ahí? Y Quevedo, sin perder ni por un momento el sentido del humor, se identificó con fingida tristeza:- Soy Quevedo, que ni sube, ni baja, ni está quedo.
Tomada de Asociación Nueva Acrópolis
1 comentario:
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Los saluda atentamente Claudio Tomassini
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