TRAS EL VUELO DE LA GARZA
Calor
desolación
silencio yermo.
Los cactus resquebrajados izan sus espadines
entre el mustio quintral.
Es enero,
la hilera de huesos caprinos gritan ríos secos,
respiro en desaliento este siglo apocalíptico
que avizoro egoísta, estéril, fatal.
Perdido en las desérticas serranías
un ojo azul borbotea leche transparente y fecunda.
Mi inquieta mirada sigue presurosa el cristalino hilo
que se pierde en la ocredad del páramo.
Una garza envuelta en algodón azulino alza el vuelo
y blandamente revolotea remontando las alturas,
como feble línea en el cielo.
Traspaso los contrafuertes cordilleranos.
No una, sino miles de gráciles garzas
me saludan alzando sus albos gorjeos.
Los ojos se llenan de verdor.
Amplias praderas, plantíos inconmensurables de dulce caña.
Reminiscencias de grilletes se elevan
desde las espaldas morenas
y una niebla espesa escapa en bocanadas
desde la verde y húmeda floresta.
Cae el agua dulce, vital y doliente.
Calor

desolación
silencio yermo.
Los cactus resquebrajados izan sus espadines
entre el mustio quintral.
Es enero,
la hilera de huesos caprinos gritan ríos secos,
respiro en desaliento este siglo apocalíptico
que avizoro egoísta, estéril, fatal.
Perdido en las desérticas serranías
un ojo azul borbotea leche transparente y fecunda.
Mi inquieta mirada sigue presurosa el cristalino hilo
que se pierde en la ocredad del páramo.
Una garza envuelta en algodón azulino alza el vuelo
y blandamente revolotea remontando las alturas,
como feble línea en el cielo.
Traspaso los contrafuertes cordilleranos.
No una, sino miles de gráciles garzas
me saludan alzando sus albos gorjeos.
Los ojos se llenan de verdor.
Amplias praderas, plantíos inconmensurables de dulce caña.
Reminiscencias de grilletes se elevan
desde las espaldas morenas
y una niebla espesa escapa en bocanadas
desde la verde y húmeda floresta.
Cae el agua dulce, vital y doliente.
Poeta Iris del Carmen Fernández Ángel (Chile)
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