El que vive de esperanzas,
muere de sentimiento.
Benjamín Franklin
Desde mi soledad, en grises horas, acuño estas líneas con trazos de invisibles y cris

No sé cómo desterrar esta punzante algarabía; la sinrazón, cuando subyuga… No sé cómo tornar en risas, las frías lágrimas; ser luz de una mirada al dar libertad al ángel que en ella habita; aventar nuestras débiles semillas de infinita ternura. Sé por qué, bajo el azul inmenso del campo donde anida el alma, en este tiempo, no germinan enraizados girasoles ni sobrevuelan las tornasoladas brisas que hacían crecer los más puros renuevos. Sin ellos, sus dorados corazones se marchitan entre álgidos surcos. A veces, sueñan que alcanzarán el sol de una nueva brisa con el nuevo estío. Quizá sea yo que sueño oírte pronunciar mi nombre al verte regresar con el primer rayo de sol, en la mañana; la esperanza me hace imaginar este horizonte soleado. Tras la invisible reja que corroe mi soledad, me acompañará en la espera, mientras no se quiebren mis sentidos.
Desde mi soledad, en estas horas de magia y de verdad, un imperceptible murmullo me habla de ti, de dulces horas, de amor y de poesía… Tenso estas líneas como las cuerdas de una cometa de papel entre mis manos: la que he soltar en esta tarde en la que el sol delira y las nubes no cercan mis cielos. Si dejo mis ojos entreabiertos, te contemplo ungida de sus vivos colores; entre ellos, tan sólo yo puedo verlo, la irisa el verde de tus ojos… Más tarde, sobre la ardiente arena, la abatida cometa y el batir de las olas me han puesto salobres los labios y enrojecidos los ojos… Y he de acunar las lágrimas en mi regazo; adormecer tu inmaculado latido en mi vientre, acompasar tu corazón en mi corazón…
Aunque, ahora, seamos cercados campos de lejanía, sé que volveremos a encontrarnos en aquel furtivo vergel donde nos refugiábamos de lluvias y soledades… Cuántas pasaron sin vernos… Cuántas sin rozarnos… Al volver, has de traer rayos del sol que llevas dentro si quieres dar vida a este umbrío cuerpo que yace en agónico campo. Porque sin ti, no lograré alcanzar una brizna de luz en la brisa ni un blanco suspiro en la tierra; sólo la negrura sin estrellas que me muestra el infinito…
MARÍA ÁNGELES BERNÁRDEZ. España
1 comentario:
Hermosa prosa poética. Suavemente se va leyendo y a la vez sintiendo. Es verdad, hay lugares donde los girasoles parecen no crecer. Soledad y cierta melancolía dejan su huella. Aún así, bien vale el intento, constante, como tu dices, “de aventar nuestras débiles semillas de infinita ternura”.
Maria Rosa Perea
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