Recuerdo el viento claro de otras tardes.
Tocando castañuelas prodigiosas
le daba larga cuerda a mi niñez.
Yo le pasaba alegre mis cabellos,

mi falda, y él, jugando, se los daba
al perro que ladraba tras de mí.
Correr, reír, morir de golpe sobre
el liso pasto, la colina aquella,
el verdadero mundo a la intemperie
en donde el sol echaba mil monedas.
Después, de flores sucia todavía,
volver a la casona mansamente.
Mi voz quedó colgada de las ramas.
Mis ojos se vaciaron en garúas.
También perdí mi nombre. ¡Nada! ¡Nadie!
Soy yo sin la niñez de mi alegría.
DELFINA ACOSTA. Paraguay
2 comentarios:
una hecatombe sin destrozos
Mi voz quedó colgada de las ramas.
Mis ojos se vaciaron en garúa. Dos versos de los que más me gustaron pero me deslizaste mi columpio recorriendo la infancia hasta detenerme en este soy sin la alegría. Muy lindo Delfina.
Liliana Chavez
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