Un campesino chino se fue a la ciudad para vender la cosecha de arroz y su mujer le pidió que no se olvidase de traerle un peine.

Entregó el regalo a su mujer y se marchó a trabajar sus campos. La mujer se miró en el espejo y comenzó a llorar desconsoladamente. La madre le preguntó la razón de aquellas lágrimas.
La mujer le dio el espejo y le dijo:
-Mi marido ha traído a otra mujer, joven y hermosa.
La madre cogió el espejo, lo miró y le dijo a su hija:
-No tienes de qué preocuparte, es una vieja.
Anónimo
1 comentario:
Qué belleza!!!, creemos que nos conocemos cuando nos miramos al espejo. Al parecer esto no tenía importancia para estas mujeres. Acaso jamás se vieron en el agua de río mientras lavaban la ropa?
Muy bueno el poema.
ATT: Jorge Dávila G.
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